LUMAJO ( Recordando tiempos pasados en LACIANA

Revista de folclore-1. Alan Lomax Lumajo.pdf4. Lumajo de Laciana 

Carlos A. Porro 

          La Montaña Occidental de León, formada por las comarcasdeLaciana, Omaña y Babia, presenta 

un idílico paisaje a pesar de la dureza del terreno. Las tierras altas, son tierras frías, agrestes y de neva- 

das duraderas que hoy, en parte se encuentran algo desoladas ante un abandono de la población rural 

de muchas localidades y una parcial destrucción del medio ambiente ante el incipiente desarrollo de 

la minería del carbón durante todo el siglo XX. La zona ha conformado junto a sus comarcas hermanas 

de los valles de Asturias y concejos de Degaña, Leitariegos, Cangas de Narcea y Somiedo una entidad 

común de idénticos usos y costumbres más allá de las fronteras políticas establecidas sin criterios cul- 

turales o geográficos. La zona, antaño dedicada a la ganadera extensiva y a los derivados de la misma 

(leche, quesos) ha vivido del trabajo de la lana y del lino, del ganado vacuno y de las grandes brañas. 

Son éstas, terrenos de fresco y abundante pasto en los que se edifican varias casas de piedra y tejado 

de paja o de pizarra y que se habitan estacionalmente por pastores y que durante siglos, acogieron a 

los millares de cabezas de ganado trashumante de ovejas merinas que se alimentaban de los pastos 

de montaña y que subían desde Extremadura realizando un viaje de más de 500 kilómetros. 

Solamente tenemos constancia de un viaje a la zona del investigador, al pequeño pueblo de Lu- 

majo, preciosa localidad, a donde llegó por mediación de don Florentino Díaz González, secretario 

del ayuntamiento de Villablino, localidad cercana y la más importante e industriosa de la zona. Pocos, pero fundamentales, dentro de la etnomusicología ibérica, son los testimonios que recogió en sus 

grabaciones sobre todo por la antigüedad de los mismos, centrados en la arcaica instrumentación y en 

sus tonadas rancias y austeras. La instrumentación básica de la zona, junto a la popular pandereta es 

el pandero cuadrado, prácticamente desaparecido en la actualidad en España y que se ha conservado 

en esa zona con cierta vigencia. Las tonadas propias del pandero cuadrado se enclavan dentro del 

llamado “baile del país” o “La Garrucha”, que se asientan sobre un soporte de escala menor modal y 

una estructura rítmica en la que afloran muchos elementos de arcaísmo, tonadas de ámbito melódico 

restringido, un ritmo binario compuesto (ocasionalmente quinario), ausencia de estribillos (aunque no 

siempre) que remarcado por el toque ronco, austero y repetitivo de los panderos envuelven las tona- 

das y el baile en una escena coreográfica propia de la Edad Media. 

Lucio Criado y Carmen Marentes en la publicación “A Xeito” describen este instrumento como un 

bastidor cuadrado de madera de entre 35-38 cms. de lado y 7 de anchura que se recubre por ambos 

lados de una piel (a la que se ha eliminado el pelo mediante un proceso de mojado, secado en sal y 

sobado) y que apoyado en el pecho se percute con las dos manos. El propio Lomax acompañaba su 

diario con algún dibujo de estos panderos llamado por su extrañeza y por su singularidad en relación 

a todo lo que conocía de España. El sonido característico producido es más bien seco y oscuro, ronco, 

lo que contribuye a crear un ambiente de rusticidad que encaja a la perfección en la cadencia arcaica 

de las tonadas. Vinculado de manera indisoluble al pandero cuadrado está el baile propio de toda la 

comarca: el Baile del País, el Chano o La Garrucha, tres denominaciones que anota Lomax en su diario. 

Es éste un baile recio, austero pero engalanado con un característico y alegre movimiento de brazos 

que contrasta con la rudeza de los panderos y los cantos, que se acompañan con enormes castañuelas 

que repican incansables con especial dominio las mujeres. Cuatro fueron las tonadas de este baile 

que recogió en Lumajo en la taberna, a dos tocadoras de mediana edad: Concepción Taladriz (pro- 

pietaria de la taberna), Elvira Feito y a Pepín “el ciego” acordeonista del lugar. Asimismo las tonadas 

de bodas se acompañan al canto y al ritmo con el mismo estilo que para el Baile del País y las misma 

instrumentación confundiéndose casi con él. El baile se arenga y se calienta con gritos, chillidos, vivas 

o expresiones que ensalzan las parejas femeninas o la posición en el baile, que suele ser en dos filas 

paralelas, una de mozos y otra de mozas, compitiendo en el baile las parejas del medio con las de los 

extremos (las puntas). 

Lomax describe con cierta dureza en su diario la primera impresión que tuvo al llegar a la localidad 

y entrar en contacto con los vecinos, reflexiva y un tanto difusa en sus notas: 

“Había un nuevo pueblo minero, Villaseca, donde el 90% de la población no son naturales de 

estas colinas como pasa en Kentucky. Había una pequeña carretera que subía 5 kms. y atrave- 

saba un puente. Detrás de esos picos asomaba el pueblo. La calle principal estaba embarrada, 

las casas parecían sacadas de la edad media. Había pequeños graneros sobre zancos de piedra 

sacados de algún oscuro pasado celta. La gente era rápida, malhumorada e inteligente como 

los escoceses. El alcalde directamente dijo que no había buenos cantantes y tenía razón. Había 

un extraño y fantasioso chico rubio que estaba tan delgado que las ropas se le caían, aparte de 

esto no sabía que se estaba quedando ciego y que su acordeón era el menos armonioso desde 

Adán. Había varias ancianas maravillosas que tocaban el pandero cuadrado. Había una multi- 

tud de chicas jóvenes a las que se les había dicho que proporcionaran sus favores (ayudaran?) 

libremente. Había una pareja de ancianos con bigotes y gran energía que mandaban a todo el 

mundo hacer cosas y canturrear como una pareja de hebreos. 

Todos vinieron juntos entre la nieblina andando por la calle embarrada y estrecha con sus 

zapatos de madera y pasándose con cuidado a la puerta de la posada y abarrotando la habitación

alrededor del micrófono hasta que no quedaba aire para respirar, mirándome con caras

perdidas y la mirada esquiva y oculta de la gente de Kentucky cuyos amigos (paisanos) habían

regresado al país de las colinas para morirse de hambre en grandes granjas pobres, así podrían

beber el agua del manantial y oler el aire limpio de la montaña y se habían despertado para

encontrarse atrapados en una mina de carbón y el agua negra que se vierte a manantial. Y las

caras de Lumajo tienen la misma expresión ya que siempre han sido pastores aquí en el valle

más alto de León y ahora de pronto, ser hombres y mantener satisfechas a sus mujeres y se han

encontrado asimismo enterrados vivos en las minas de carbón. Y la sorpresa hiriente y muda

que muestran las caras de estos hombres jóvenes y se veía en la música que todavía era música

de pastores, pero ahora sin gracia, ahora torpe y horrible, como una mula del país que se ha

quedado ciega en las minas…”

Realmente, a pesar del comentario muy psicológico, la fuerza de la tradición en esta zona como

en otras del país sorprende a todos a cada momento. Algunas de las más bellas tonadas de pandero

cuadrado y del baile del país, se han seguido recogiendo desde entonces a otros vecinos y en otras

localidades, estando plenamente vigentes en muchas fiestas populares actualmente.

1. El baile del país o La Garrucha I. Panderos y canto: Concepción Taladriz de 42 años y Elvira Feito

de 54 años. Lumajo, 5 de noviembre de 1952.

Si no lo bailan a gusto, los señores en el baile

háganme una media señal que yo la cojo en el aire.

¡Viva la punta! ¡viva!. ¡Ijuju!.

Por las estrellas del norte se guían los marineros,

yo me guío por tus ojos que son dos claros luceros.

¡Viva la punta!, ¡viva!, ¡viva el medio!

 2. El Baile del País o la Garrucha II. Panderos y canto: Concepción Taladriz de 42 años y Elvira Feito 

de 54 años. Lumajo, 5 de noviembre de 1952. 

Este pandeiro que toco ia de pellecho de ogüecha 

ayer berraba n´el monte, güey toca que retumbiecha. 

Ay, ay, le, le, le la. 

¡Viva la punta! 

3. Baile de los Pollos. Panderos y canto: Concepción Taladriz de 42 años y Elvira Feito de 54 años. 

Lumajo, 5 de noviembre de 1952. 

Otro de los bailes sueltos antiguos que también se ha conservado en Asturias es el de los pollos o 

“pochos”. Martínez Torner describe la forma asturiana de la siguiente manera: 

“Comienza a sonar el pandero, tocado generalmente por la persona que canta. Entonces, 

dos mozos invitan a dos mozas a bailar; disponiéndose los cuatro en círculo, alternativamente, 

bailan mientras dura el canto, y al terminar éste, se retiran los primeros; las mozas que han que- 

dado en el baile invitan a otros dos mozos, bailando de la forma anterior. Al terminar la copla, 

ellas abandonan el baile y son los dos mozos quienes invitan a otras dos mozas, y así sucesiva- 

mente. Las últimas personas que quedan sin poder escoger pareja se dice que quedan “pollos”. 

El baile de “los pollos” se interpreta en círculo, cambiando sucesivamente el sentido del giro tras 

una orden o aviso del pandeiro y su origen y forma coreográfica denota bastante antigüedad.

Los pajaritos madre, que atrevidos son 

que pican y no tienen de nadie compasión. 

Yo tenía uno y se me marchó, 

no tenía pico y así me la pegó. 

…. que del cielo bajó, 

con el pelo tendido y al remate una flor 

Y en la flor una rosa y en la rosa voy yo, 

vámonos, dueño mío, dueño mío, vámonos. 

4. El Baile del País o la Garrucha III. Panderos y canto: Concepción Taladriz de 42 años y Elvira Feito 

de 54 años. Lumajo, 5 de noviembre de 1952. 

Viva pueblo de Lumajo, viva el ramo de laurel, 

vivan los mozos y mozas que se pasean por él. 

¡Viva la mía!. 

Como quieres que yo vaya al jardín de la alegría 

si se marchitan las flores al ver la belleza mía. 

¡Ijuju! 

Cómo quieres que yo tenga la cara alegre y contenta, 

si hasta los mismos caminos para mi ya dieron vuelta. 

Todos los anocheceres salgo por ver si te veo, 

porque solita tú eres el jardín de mis recreos. 

5. Tonada de bodas (a la salida de la iglesia). Panderos cuadrados: Concepción Taladriz de 42 años, 

Elvira Feito de 54 años, grupo de mozos y mozas acompañan al canto. Lumajo, 5 de noviembre de 1952. 

No se entiende una boda en esta zona sin que se agasaje a los novios con cánticos con los que 

acompaña la comitiva desde la casa a la iglesia, no sin esperar, como es costumbre, una pequeña 

cuantía económica de manos del padrino o madrina que gastarán mozos y mozas a la salud de los 

recién casados.

Tras la ceremonia de la iglesia, dos mozas, con los panderos bellamente engalanados de cintas de

seda, flores y lazos recibían a los novios pasando los panderos por encima de sus cabeza, en un acto

simbólico como pocos. A continuación comienzan las canciones, muchas de ellas compuestas espe-

cialmente para la ocasión, en las que aparecen referidas las bellezas o virtudes de novios, padres y

padrinos. La pareja de mozas preside el cortejo tras la salida de la iglesia hasta la casa de la novia en la

que la madrina convida a suculentas rebanadas de pan y manteca a todos los asistentes. Lomax anota

en su diario una conversación con una paisano sobre esta costumbre:

“Bailamos la garrucha. La garrucha es lo que hacemos con las manos- eso es a lo que lo

llamamos. En las bodas llevamos panderos con cintas y rosas, después tiramos petardos y de-

cimos- ¡Viva la novia!, el novio no. Esto lo cantamos mientras desfilamos por las calles- (Alan

preguntó: ¿Y porqué ya no hay más bodas?). – Al fin y al cabo el padre tiene que pagar la bebida

para 24 horas de fiesta o 48, para todo el pueblo. Se ha cansado de pagar todas estas bebidas

así que ahora las canciones empiezan a desaparecer. Ahora es cosa de tres o cuatro invitados y

ahí se acaba la cosa”.

Salgan los señores novios de la puerta de ese templo 

que aquí viene sus amigos a fraternizar con ellos. 

¡Vivan los novios! 

A la puerta de la iglesia juntos os vimos llegar. 

más hermosos que las flores en la mansión celestial. 

¡Viva la novia!, ¡viva! 

El cielo se encuentra raso y no se ve ningún astro, 

cuatro luceros hermosos resplandecen en Lumajo. 

¡Vivan los padrinos!, ¡vivan!. 

Y esos cuatro luceros que dejamos antes dichos 

son el novio y la novia y los señores padrinos. 

¡Vivan los padrinos!, ¡vivan! 

El padrino y la madrina, lo digo de corazón, 

son dos flores admirables, no tiene comparación. 

¡Viva!, ¡viva! 

El padrino es una rosa, la madrina es un clavel, 

el novio es un espejo la novia se mira en él 

¡Viva la novia!, ¡viva!  

6. Tonada de Bodas (llegada a casa de la novia). Panderos cuadrados: Concepción Taladriz de 42 

años y Elvira Feito de 54 años, un grupo de mozos y mozas acompañan al canto. Lumajo, 5 de noviem- 

bre de 1952. 

Salgan los de la cocina a recibir la casada 

y su madre la primera, que es el tronco de la rama. 

¡Viva la novia! 

El padrino de esta boda es el número primero, 

que se dejó los anillos en casa del estanquero. 

¡Viva el padrino¡, ¡viva! 

Adiós amiga del alma que te vas de nuestra era, 

te recordaremos siempre como buena compañera. 

¡Viva la madrina!, ¡viva la boda! 

Vamos, vamos a la fuente donde el agua pura brilla 

pero mas brilla la novia al lado de la madrina. 

¡Viva la madrina!, ¡vivan los padres de los novios! 

Aunque viniste a Lumajo, no te cause sensación 

porque es un pueblo agradable, la capital del Cornón. 

¡Viva Lumajo! 

7. Ronda. Grupo de mozas cantoras. Lumajo, 5 de noviembre de 1952. 

Tanto mozas como mozos acostumbraban en ocasiones a cantar en grupos, en las rondas, en las 

faenas comunales del trabajo o simplemente en reuniones para pasar el rato. La tonada aquí presen

tada se interpreta en el habla local, el paschuezo o dialecto leonés, hoy en trance de desaparición y 

que se caracteriza por un sonido ch que sustituye al de doble l. 

Cuatro chobos que baxaron por el vache de Chaciana 

forun diciendo a Belmonte: cheite, chume, chino, chana. 

Buen cuidado me da a mi que me corten un manteo, 

porque chegando a cha chorza cha chorza cheva salero. 

Dicen las del otru chao, que cantan mejor que nos, 

esos son cuernos para echas ¡que mejor cantamus nos! 

Las brañeirinas de Robles dan el cheite a los galanes 

ya luego baxan diciendo que lo maman los tenrales. 

8. Vaqueirada. Cantada por Manuel Llano Fernández. Lumajo, 5 de noviembre de 1952. 

El canto solista melismático de carácter lírico está muy extendido en toda la cornisa cantábrica, en 

tierras de Santander, en la montaña de Palencia y toda Asturias principalmente. La comarca de Lacia- 

na, donde se encuentra Lumajo y la cercana de Babia confluyen culturalmente con el sur de Asturias y 

en toda esta zona se desarrolla un canto denominado “vaqueirada”, propios de los vaqueros y guar- 

das de rebaños que lucen su voz en estas preciosas tonadas. 

Ofrecistime un queisu en señal de matrimonio 

el matrimoniu fue nulu, ¡ay! vólveme el queso al horreu. 

Pabeiru, pabeiru. 

El señor cura del Puertu va pal cielo en línea recta 

si Jesucristo lo sabe ponei un candao en la bragueta. 

Paveiru, paveiru 

Soy vaqueiru, soy vaquieru, nacido en la vaqueirada 

tengo un xatina pinta dei echina una xarrala. 

Paveiru, paveiru,..

.. 

  10. Ronda. Cantada por José María Pena. Lumajo, 5 de noviembre de 1952. 

Otro ejemplo de canto solista de la zona, aunque no de estilo propiamente de “vaqueirada” es 

esta tonada popular por toda la zona norte del país y a la que se le atribuye un origen montañés, pro- 

cedente de Cantabria. Lomax anotó al lado del título la expresión “santanderese style” refiriendo una 

procedencia foránea de la canción. 

Síguela Manueluco, síguela Manuel 

de noche con la luna con el lucero del amanecer.

 

Y una noche de luna fuiste a moras, 

ten cuidao con las zarzas que son traidoras, 

síguela Manuel… 

Y una noche en el baile perdí dos reales 

por ti gran picarona que no los vales, 

síguela Manuel… 

11. La garrucha de acordeón. Panderos cuadrados: Elvira Feito de 54 años y Concepción Taladriz de 

42 años. Acordeón: Pepín “el acordeonista” de unos 35 años. Lumajo, noviembre de 1952.

El moderno acordeón diatónico o de botones penetró en toda esta comarca vinculado a la ex- 

pansión de la minería en las primeras décadas del siglo XX y con él llegó también el baile agarrado, 

baile pecaminoso y prohibido en ese momento, que ocasionó muchos enfrentamientos entre los de- 

fensores del baile antiguo suelto (el baile del país o garrucha) y el moderno (pasodoble, vals y fox- 

trot) representado en primera instancia por este instrumento. Realmente este acordeón se extendió 

enormemente, sustituyéndose a mediados de siglo XX por una versión cromática de teclado, pero la 

fuerza de la tradición acabó por incorporarlo al baile antiguo junto a otros instrumentos tradicionales 

de la zona. Aparece así esta versión del antiguo Baile del País con acordeón y panderos cuadrados.  El 

acordeonista, algo destemplado, recrea la voz de las cantoras, transformando la melodía austera en 

una más ágil y melodiosa. 

Carlos A. Porro, Alberto Jambrina Leal, Pablo Madrid

Martín, Gonzalo Pérez Trascasa y Ramón Marijuán Adrián